
¿Amor o Adicción?
¿Cuándo somos adictos? Cuando dependemos de algo para vivir.
Podemos depender una sustancia, un objeto, la comida, el sexo o una pareja.
La relación amorosa adictiva es la que nos va destruyendo, minando la autoestima, haciéndonos aceptar situaciones y tratos que no merecemos.
Sabemos que nos daña, que la situaci´n es insana, pero seguimos involucradas en ellas sin poder desertar.
No amamos sino que estamos enganchadas, amarradas, dependientes.
Es tanto el miedo y la inseguridad de estar solas, de estar en manos de nosotros mismos para vivir, que nos aferramos enfermizamente a esa persona a cualquier costo.
Lo que define a los amores adictivos no es tanto el deseo intenso de estar con el otro, sino la incapacidad de vivir sin él.
Dependientes al igual que de una droga; mientras más pasa el tiempo, mayor es nuestra pérdida de libertad y autonomía para explorar otros mundos.
Nuestra vida se condiciona y usamos cualquier recurso apra imaginar, por ejemplo, que con la fuerza de nuestro, amor todo va a cambiar.
Ocupamos nuestra energía física, psíquica y mental en justificar lo que no tiene explicación. Así, como con la droga bloqueamos nuestra creatividad, dejamos de evolucionar como personas.
Nos perdemos de nosotros mismos. Por lo cual, no es raro que nos enfermemos física y emocionalmente, ya que el cuerpo y el alma no resisten más la falta de autocuidado.
A pesar de todo, ¡hay salida!
La mayoría de las veces, como frente a la droga, necesitamos ayuda para recuperar el autorrespeto, reconectarnos con nuestros recursos y con la fuerza necesaria para emprender otro camino y salvarnos de la autodestrucción.
Antes de nada debemos tener en cuenta que no vamos a dejar esa relación amorosa adictiva porque nos dejó de gustar, ¡nada de eso! Si sucediera así sería muy fácil apartarse. Nos alejaremos de ese amor porque, aún queriéndolo mucho, nos menoscaba.
También, porque estamos en esta vida por algo mucho más grande que un sufrido enamoramiento.
Aunque el camino de sanación sea duro, vale la pena el esfuerzo.
Carmen Pinto, sicóloga
DatoAviso nº23



